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Acogida de amor y humildad, fraternidad y servicio cercano

Acogida de amor y humildad, fraternidad y servicio cercano

La misión de Brasil fue un regalo de Dios que nos marcó profundamente. La capacidad de acogida, la alegría, la amabilidad y la gran fe que se tiene en Abaetetuba es inmensa. Dios se hace presente cada día en nuestra vida a través de todas las personas que conocemos. Su amor, su fe y su acogida nos enseñan a servir y a entregar nuestra vida cada día más de manera desinteresada a Dios.

Decidimos venir a la misión en Brasil porque quisimos compartir con los misioneros, como misioneras laicas, el mensaje de Jesús y de un Dios amor misericordioso con las personas. Queríamos transmitir con nuestra vida la alegría de amar sin esperar nada a cambio, como hizo Jesús.

Por las mañanas estuvimos en las escuelas públicas con los niños y niñas – Puri, Lucas y yo – haciendo talleres de arte solidario y con valores. Esta experiencia nos ayudó a crecer en alegría y a compartir con ellos el amor de Dios. Los niños son reflejo de Dios en la tierra.

Nos impactó mucho, en las diferentes escuelas, la cantidad de niños y niñas con autismo. También la falta de amor que tenían muchos de ellos. En una de las islas a las que fuimos, muchos niños nos abrazaban al terminar el taller. Una madre nos comentó que quizá ese abrazo fuera el único que hubieran recibido, porque sus padres no les habían dado cariño al tenerlos tan jóvenes, con 15 o 16 años.

Nos conmovió profundamente la labor de los catequistas y de un grupo de mujeres de las islas de Abaetetuba en la prevención y protección de las niñas y niños contra los abusos sexuales dentro de la propia comunidad. Gracias a sus denuncias, muchos hombres han sido llevados a prisión, y se están defendiendo los derechos humanos de los más pequeños, su dignidad y su protección, como hizo Jesús frente a las injusticias.

También nos marcó la comunidad de Santa Rosa: la organización de los diferentes ministerios, la figura de las coordinadoras y monaguillas, y la fuerte presencia de las mujeres en la Iglesia.

El servicio de los laicos y la entrega desinteresada de todos los jóvenes nos impresionó mucho también: una comunidad viva y llena de fe, una Iglesia como una casa, acogedora y llena de servicio. El ejemplo de humildad, cercanía, amor, ilusión y entrega de Yerisko nos ayudó mucho también. A toda la comunidad, a Yerisko y a todas las familias de las islas, les damos gracias por su acogida. Su testimonio de amor y humildad lo llevamos en el corazón.

Agradecemos igualmente a las profesoras de la escuela, y en particular a la directora Zilda, por dejarnos compartir estos talleres: han sido un regalo.

De la iglesia de Santa Rosa nos llevamos la gran fe y la alegría en el servicio de cada ministerio y grupo de la comunidad. Gracias por vuestro testimonio de amor a Jesús.

Agradecemos también a Yerisko por su ayuda diaria en la misión, y nos llevamos a Valencia cada rostro y cada abrazo de amor que recibimos allí. Gracias también a René y al Padre Alessandro, italiano, por organizar toda la misión y permitirnos estar allí. Gracias por vuestro ejemplo de servicio y fe en Dios, y por toda vuestra acogida.